lunes, 7 de septiembre de 2026

El colapso del bosque cerrado por estrés hídrico y el fuego.

  


Es un poco extenso pero no se pueden condensar mas de 60 años de amor a la naturaleza en cuatro frases.

 Si queremos sobrevivir forestalmente, en España hay que comenzar anteponiendo la dehesa al bosque, lo siento principalmente por mi y mi forma de entender hasta ahora la naturaleza pero, es asi.

La tesis de priorizar la estructura de la dehesa (o el bosque aclarado) frente al bosque denso e impenetrable no solo es una propuesta silvícola sensata, sino una necesidad urgente de supervivencia ecosistémica en la Península Ibérica.
La dehesa o el bosque aclarado, son el modelo forestal del futuro para España ante la crisis climática.
El colapso del bosque cerrado por estrés hídrico y el fuego.
El calentamiento global está provocando sequías más prolongadas y un aumento drástico de las temperaturas en España. Un bosque denso (con una alta densidad de árboles por hectárea) compite ferozmente por un recurso cada vez más escaso: el agua.
El colapso por sed: Al haber demasiados árboles, las raíces agotan rápidamente la humedad del suelo. Esto debilita los árboles (descaecimiento forestal), haciéndolos vulnerables a plagas de insectos (como el barrenillo) y hongos.
La solución de la dehesa: La dehesa, por definición, es un sistema aclarado dominado, por robles encinas y alcornoques junto a distintas especies arbóreas y arbustivas propiamente ibéricas.
Al mantener una densidad baja de árboles (árboles dispersos), cada ejemplar dispone de un volumen de suelo y agua mucho mayor, lo que aumenta drásticamente su resistencia a las sequías extremas.
La prevención de incendios de "sexta generación".
España sufre despoblamiento y por consiguiente el abandono rural. Los antiguos campos de cultivo y pastos se han convertido en matorrales densos y bosques continuos sin gestionar.
Esto genera una enorme acumulación de combustible vegetal.
El polvorín forestal: En verano, los bosques densos y mal gestionados se convierten en trampas de fuego capaces de generar incendios ingobernables (incendios de sexta generación) que escapan a la capacidad de extinción.
La dehesa como cortafuegos vivo: La dehesa combina el árbol con el pasto y la ganadería extensiva (o la agricultura).
El ganado actúa como "bombero natural" al limpiar el sotobosque. Al no haber continuidad vertical ni horizontal del combustible, el fuego no se propaga con la misma velocidad ni intensidad, permitiendo un control efectivo.
Maximización de los servicios ecosistémicos y biodiversidad. Paradójicamente, la dehesa (un paisaje modificado por el ser humano durante siglos) alberga una biodiversidad mucho mayor que muchos bosques densos homogéneos o plantaciones de monocultivo (como el pino o el eucalipto).
Efecto borde: Al combinar zonas de sombra (bajo la copa de encinas y alcornoques) con zonas abiertas de pastizal, y manchas controladas de pinos, se crean múltiples microclimas. Esto beneficia a insectos polinizadores, aves rapaces, reptiles y mamíferos.
Fijación de carbono eficiente: Aunque un bosque espeso absorbe mucho carbono inicialmente, si se quema o muere por la sequía, libera todo ese carbono de golpe a la atmósfera.
La dehesa es un sumidero de carbono mucho más estable y seguro a largo plazo.
Una silvicultura seria, rentable y con arraigo humano. Para que los espacios forestales sobrevivan, deben ser económicamente sostenibles para las poblaciones locales; de lo contrario, se abandonan.
La silvicultura tradicional a menudo sufre por los bajos precios de la madera y los largos turnos de corta.
La dehesa es multifuncional: Produce corcho, bellota, pastos para ganadería de alta calidad (como el cerdo ibérico), leña de poda, caza y turismo.
Esta rentabilidad asegura que el ser humano permanezca en el territorio cuidando el árbol y su entorno.
Un árbol cuidado y podado es un árbol que vive más años y resiste mejor el cambio climático y mejora y protege su entorno.
A modo de conclusión, expongo que favorecer la estructura de la dehesa o del monte adehesado en gran parte del territorio español no significa destruir los bosques nativos, sino adaptar el paisaje a la aridez del siglo XXI y luchar contra el Cambio climático que se aproxima.
Lo razonable consiste en transicionar hacia una masa forestal más esponjada, gestionada y resiliente.
En el contexto mediterráneo actual, menos árboles por hectárea se traduce en árboles más fuertes, sanos y vivos.
La Cornisa Cantábrica y los Pirineos (Zona Atlántica), el régimen de lluvias históricamente ha permitido la existencia de bosques caducifolios densos (hayedos, robledales) y abetales. Aquí el bosque cerrado es su estado natural tiene un balance hídrico positivo (llueve más de lo que se evapora), por lo que los árboles no compiten ferozmente por el agua.
La clave del éxito forestal en España no es elegir entre "todo bosque" o "todo dehesa", sino crear un mosaico paisajístico: un equilibrio donde el bosque denso protegido ocupe las cabeceras de los ríos y las umbrías húmedas, mientras que la dehesa y los sistemas silvopastoriles dominen las llanuras, las solanas y las zonas de interfaz humana.

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